Escritos de: Nélida Beatriz Marteletti (Francis). Page_1

FrancisNaci un 2 de enero en Nueva Galia-un pueblito de la provincia de San Luis-Argentina, a los 2 años viajamos con mis Padres, Antolín y Francisca, y mis hermanos hacia Buenos Aires, desde ahí vivo acá, en mi San Francisco Solano, en Buenos Aires.

Mi infancia fue muy feliz junto a mis padres y hermanos, soy una persona sencilla, humilde y muy solitaria, escribo desde los 13 años, mi primera poesía fue para mi madre, a la cual solo la tuve 15 años [...]
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pencilplus32.png Escritos compartidos por el autor. Índice de letras publicadas en esta página. Nélida Beatriz Marteletti.

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Obra escrita de Nélida Beatriz Marteletti. Edición autorizada.

Hermanos

Eran dos hermanos que volaban en su nube hacia la luna siempre juntos, caminaban, jugaban, se abrazaban, siempre sonriendo.

Siempre juntos iban de la mano por la vida, hacia lugares donde nunca nadie había descubierto. Soñaban, se subían en su nube azul, y salían por ese bello cielo a pasear, desde ahí arriba miraban a todos. Ellos así eran felices, jugaban no tenían maldad, su ternura, su amor los hacía más ingenuos, más tiernos, siempre de la mano, siempre sonriendo, iban caminando juntos los dos, reían Juntaban flores, hacían castillos, y se subían en su nube Imaginaria hasta el sol, prometiéndose siempre estar juntos, ser gemelos, no separarse jamás, estar unidos de la mano los dos.

Pero un día llego un viento fuerte, se puso todo negro, la tormenta Estallo, vino se llevo todo, la nube, el sol, las estrellas, las sonrisas, el largo su mano, era un viento fuerte, helado, la muerte se lo arrebato. Ella se quedo sola, vacía, sin risas, sin cariño, sin amor, su alma gemela se Había ido, la dejo sola, aquel viento le arrebato todo, ahora ella anda sola. Llorando, con un grito desgarrador, pide que el vuelva, que no la deje, pero el No está, ya no vendrá. La muerte se lo llevó, ella quedo ahí inerte, vacía, sin razón, Se la ve deambulando por las calles, sola llorando, pidiendo a gritos que le devuelvan a su querido hermano, a su otra mitad, a su otra mano, y así quedó ahí llorando, en un mar de lagrimas, con un gran dolor en su pecho, el cual jamás se irá, y ella allí de rodillas con sus brazos abiertos se quedo mirando…

Mirando el cielo pidiendo una explicación.

(Para Pedro mi otra mitad, mi hermano)

→ Nélida Beatriz Marteletti (Francis)




Acechando a su presa

Hacia horas que venía corriendo tras ella, a lo lejos podía oler la carne, mientras escondido en la noche tras esos arbustos, la observaba, se lamia la boca, de ella le caían las babas, se imaginaba la sangre de ella corriendo por todo el cuerpo, al esperarla escondido tras las sombras, imaginaba como había comenzado todo esto, por su cabeza pasaban imágenes de otras presas, de otros cuerpos, de cómo presa tras presa, había comenzado a volverse más cuidadoso, en observarlas, mirarlas, elegir su presa hasta el día que deseaba saciar sus ansias de matar, era un acecho macabro, no solo las mataba, las mordía, las cortaba, también le gustaba verlas luchar por su supervivencia, faltaban ya escasos momentos para atrapar a su próxima presa, y comenzar a destrozarla, mordiéndola le gustaba ver a su presa gritar de terror, los gritos y la cara de dolor de sus presas, lo hacían excitar, cada vez que una de sus presas luchaba y gritaba de terror y dolor lo hacían gemir y le producían placer, ese placer de matar sin tener remordimientos, solo esperaba ese momento con ansias y placer.

Al llegar el momento, apareció su presa, la ataco, lucho y ella no lucho por su vida, se dejo matar, sin luchar, sin poner resistencia, eso a él lo dejo impaciente, tanto que empuño un palo y la termino de matar a golpes, y después tiro su cuerpo por ese acantilado, y se alejo, pensando que esa presa no fue como las demás, se había equivocado, la había elegido y ella no tuvo el valor de luchar por su vida, se sentó en el piso y comenzó a pensar como y cual iba a ser su próxima presa, esta tendría que ser mucho mejor que la anterior, tenía que luchar contra él, porque eso le gustaba a él, le gustaba sentir sus gritos, su miedo, sus gemidos de dolor, le gustaba y disfrutaba ver el terror en sus ojos, si , esta tenía que ser mejor.

Comenzó a buscar, otra vez, acechando, observando tras las ventanas, desde la oscuridad se veía el brillo de sus ojos acechando, camino largo tiempo y por muchos lugares hasta que tras esa ventana la vio, así desde la oscuridad la observo durante varios días hasta que llego el día esperado, esta presa tenía que ser mejor que las otras, así la siguió, ya sabía el camino que ella tomaba para volver y sabia también la hora, ya había calculado el tiempo que tardaría en llevarla hacia el lugar donde dejaría su cuerpo para siempre, espero que anocheciera y volvió a esconderse para esperarla, así espero acechando en la oscuridad, de pronto se escucho el crepitar de las ramas, el ruido que hacían los zapatos contra el pavimento al cruzar, ya faltaba menos tiempo, así se agazapo y cuando ella paso ,salto y la atrapo por detrás, le tomo su cuello y la dio vuelta, quería verle su rostro, quería ver sus ojos, ella luchaba, gritaba, tenía sus ojos desorbitados, el ,la golpeaba, mordía, la iba destrozando poco a poco, mientras más luchaba y gritaba, más placer sentía, babeaba, le corría la sangre por su boca.

Ya ella había dejado de luchar, no gritaba mas, partes de su cuerpo yacían a un costado, y el, comenzó a juntarlos, los fue amontonando en un costado y después de un rato comenzó a poner las partes en una bolsa, al agarrar la cabeza, los ojos de ella estaban abiertos mirándolo, la sostuvo así un rato, luego la tiro dentro de la bolsa, y así con la bolsa comenzó a caminar llego hasta el puente, se paro y allí tiro la bolsa desde arriba hacia el agua, después miro por última vez hacia abajo, para el agua. Pensando que esa presa fue la que mas lucho por su vida, miro y miro hasta perder la vista de la bolsa, se dio vuelta y comenzó a caminar y a pensar en la próxima víctima.

→ Nélida Beatriz Marteletti (Francis)




Un bambino llamado Antolín

Al llegar mi abuelo de Italia, solo traía una valija de cuero marrón, su sombrero y muchas ganas de trabajar, cuando bajo del barco, se detuvo para mirar por última vez el barco que lo había traído a esta bendita tierra (como decía él) para trabajar y así poder tener un futuro, mi abuelo vino de Italia, a la casa de un primo, y a trabajar con él en su panadería, pero a él le gustaba cosechar la uva, por eso dentro de su maleta había traído un pequeño esqueje, lo había guardado con mucho cariño y amor pensando en el mañana. Al llegar a la casa de su primo, lo primero que hizo fue trasplantarlo; y ahí comenzó a trabajar, se levantaba muy temprano a la madrugada, regaba su planta y comenzaba a prepara el pan.

Mateo se levantaba temprano y se acostaba muy tarde, ahorraba mucho, siempre pensando en tener su propia casa y formar una familia, al tiempo, así con sus ahorros y parte de dinero de su primo, se fue a Mendoza, ahí había una tierra que quería comprar, con mucho sacrificio compro la tierra y ahí comenzó a prepararla para plantar su uva, que era lo que él, quería. Así con mucho esfuerzo y ganas comenzó a construir su casita, primero fue chiquita pero bien hecha, se había hecho de amigos en Mendoza, había algunos paisanos, gente trabajadora y buena, con la ayuda de sus paisanos, levanto su casa, pieza, cocina y baño, le gustaba pararse en la puerta de la casa y mirar el horizonte, las plantas que poco a poco la uva crecía, también tenía su propia quinta, mi quintita, como él decía, había plantado mucha verdura.

Al poco tiempo conoció a Dolores, ella era India, y vivía cerca de ahí, ella era muy bonita, con sus ojos negros y su largo pelo negro azabache, comenzaron como amigos, después como novios y al tiempo se casaron, ya Mateo tenía su quintita, su esposa, y ahora le faltaba cosechar una buena uva. Mateo estaba feliz, se paraba en la puerta y miraba sus plantas con mucho amor, siempre al lado de Dolores, abrazándola por la cintura y prometiéndole eterno amor, y diciéndole que ese año iban a tener una buena cosecha, pero Mateo no sabía lo que iba a ocurrir, esa noche se levanto un viento muy fuerte que tiro un candil, y ahí comenzó ese maldito fuego a quemar todo, parte de su quinta, parte de su cosecha, 2 carros, un granero, lo único que no se quemo fue su casa y se salvaron dos caballos, una vaca y otros animales.




Mateo y Dolores hicieron lo imposible por salvar su cosecha pero no pudieron. Mateo como buen tano, dejo casi su vida, tratando de salvar su cosecha, ese día fue algo desastroso, Mateo y Dolores y miraban, y la mitad estaba todo quemado, en la cara de Mateo se veía el sufrimiento, y Dolores no dejaba de llorar, se sentaron en el piso y lloraron mucho, hasta que Dolores, comenzó a sentirse mal, Mateo con mucho amor la cargo en sus brazos y la llevo hacia dentro de la casa, la recostó sobre la cama y llamo a su madre, al salir Ramona de la pieza le comento que su hija Dolores estaba esperando un bebe, Mateo al escucharla salió al patio, miro hacia su tierra y dijo-ahora volveré a trabajar con más ganas, no parare hasta obtener mi cosecha, y mi quintita, Dios y esta bendita tierra me mando un bambino, y por el luchare hasta el cansancio, y asi fue Mateo se levantaba de madrugada araba su campo, paso a paso con su caballo, y de tarde preparaba su quintita y cuidaba sus gallinas, siempre pensando que él, vino a esta bendita tierra a trabajar y tener sus raíces, ahora tenía porque, tenía su casa, su mujer, y ahora llegaría su primer bambino, que más le podía pedir a esta vida, solo el recuerdo de su bella Italia, y el hoy de esta bendita tierra Argentina, Mateo trabajaba con más ganas y felicidad, hasta que antes de su cosecha en septiembre, nació su primer bambino, al cual lo llamo ANTOLIN, era bello y muy grande el bambino, su llegada fue festejada, junto con su primer cosecha de uvas, con una gran fiesta, donde hubo, muy buen vino, y hasta bailaron junto con la zamba y la chacarera, una buena tarantela, para que Mateo no olvidara su querida Italia.

Ya Mateo esta en el cielo junto a su querida Dolores y sus cinco bambinos, pero quedamos acá yo, su nieta llevando en alto su apellido, su recuerdo de la bella Italia y viviendo acá en este bello país, la querida ARGENTINA.

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