Escritos de: Leocadio Ernesto Peña Viloria. Page_4

Leocadio Ernesto Peña ViloriaMuy agradecido, por darme la oportunidad de compartir mis escritos. Bueno como ya saben mi nombre es: Leocadio Ernesto Peña Viloria. Con estudios en la Universidad de los Andes, y el Tecnológico de Valera. No culminados, actualmente soy comerciante de Turismo. Tengo un negocio de Artesanía en Valera- Isnotu, donde se encuentra José Gregorio Hernández. Vivo en este Pueblo de tranquilidad y paz.

Me gusta Escribir: Poesía, Cuentos, Revelaciones, Sueños y sobre todo mis escritos del espíritu de Dios. Me gusta, mucho escribir, y leer libros de auto ayuda. Así como libros de los misterios de la vida y Dios, la buena música de los 80, y toda aquella música con letra y mensajes del alma [...]
Leer completo




Esta página incluye las siguientes letras del autor:

pencilplus32.png Escritos compartidos por el autor. Índice de letras publicadas en esta página. Leocadio Ernesto Peña Viloria.

Todas las obras de esta colección son propiedad de sus respectivos autores o titulares de los derechos.
Obra escrita de Leocadio Ernesto Peña Viloria. Edición autorizada.

Homenaje a Papá en nuestro largo caminar

Que palabra profunda salen de mi embocadura, cuando mis sentidos que brotan de mi corazón. Nombra a papá… arrastrándome y llenando de recuerdos de mi pasado, de mi niñez llena de inocencia y de verdades que nunca mueren.

Viajo a lo lejano, de mi casa íntima, donde jugaba y vivía mi vida a totalidad, me lleno de recuerdos de mi infancia, me desbordo del cariño de mi padre. Me innovo en mi interior de amor y sueños… Y sigo fantaseando con el pasado de chiquillo; que la vida me regalo, con el mejor padre.

Como no resonar mi vida de chaval, como olvidar mis viejos juguetes… Papá_ te acuerdas del coco. Coco… Aquel sonido tan especial del busecito de gallinitas que me obsequiaste. Del pasear por tu finca, llena de bosta de vacas, que por doquier había. Y la casona en aquella zona tan maravillosa, un galpón muy grande lleno de cosas viejas. Del tractor y materiales del trabajo. Y sus árboles frutales allá, al fondo y también lleno de collado y animales por doquier. Y alrededor de aquella vieja casona que nunca olvidare, esos grandes árboles, donde yo con mi cauchera casaba pajaritos. Y tú, con tus hermanos haciendo sancochos y parrilladas. Y lo más divino de aquella casona, ¡que es nuestro mejor recuerdo! las canoas del agua de las vacas, grandes para aquel entonces. Yo pequeño gozaba vallándome, y tu sonriente y feliz de verme; y gozaba de ver como sacábamos agua de aquellas bombas que parecían trompas de elefante. Que tiempos papá, te quiero, te quiero. Te acuerdas de tantos instantes que vivimos, y llevo en mi corazón ya de hombre, pero con alma de niño. Solíamos cazar, tú con tu escopeta morocha, en esas grandes sabanas, caminando todo el día. Y por allá recuerdo que no muy lejos en ese pradera, en un árbol grande se escuchaban unas guacharacas, tú te acercaste lo más que pudiste, y disparaste. Y no funciono la vieja escopeta, echamos a reír y nos tiramos a la grama ya cansados.

Sigo allá en mi ayer, resonando nuestras vivencias inolvidables. Y dibujo en mi mente aquel viejo camión verde, que siempre te acompañaba en tus larga faenas. Que para mí era un pasear de sueños en aquellos caminos de tu hacienda. Y siempre repaso en mi mente, que te escoltaba a donde fueras. Una vez, me monte contigo y cerraste la puerta. Y sin darte cuenta, que mi pequeña mano estaba en la orilla de ella. Mi grito fue intenso y desesperante, la puerta no quería abrir. Y tu angustiado y agitado intentando abrirla; y abrió, mi mano adolorida y yo enojado contigo sin razón. Que tiempos papá, no olvido ni olvidare.

Sigo escudriñando muy internamente en mi mente y corazón, cada instante de nuestras vidas y son tantos recuerdos hermosos de revivir. Como no inmortalizar estos pensamientos, con tu querer puro que mi inspira. Y plasmar, en escritos nuestras memorias.

Sigo bosquejando en mi mente, lo que mi alma sueña, y buscan en la fantasía de la magia del regalo de un deseo del mundo mágico de mi mente y Dios.

Categoría: Historias

→ Leocadio Ernesto Peña Viloria




La libertad de mi perro

Al final de la tarde, no tan cercana del anochecer regreso a mi casa. Que a sus alrededores, de paisajes se viste. Y a medida que me aproximo y a lo lejos. Mi perro Locc, viejo y cansado mi presencia olfatea y comienza a ladrar, junto con Bruno mi otro perro, joven y juguetón. Llego a mi hogar, que muchas veces solitario esta. Los perros se alborotan, y Bruno que amarrado esta, espera ansioso en las tardes por un poco de libertad. Me acerco a él, con dificulta por su gran ansiedad de escapar.

Sale corriendo y brincando sin control a la puerta de su liberación, arranca a los alrededores del paisaje silvestre. El me acompaña corriendo y retozando, como un niño travieso. Y comenzamos subiendo por una pequeña cuesta, llena de arboledas y cascotes naturales, con grama alrededor que empantanada esta. Mi perro contento, corretea de allá para acá. Se chorrea de agua y barro. Pero, que feliz es.

Bajamos y subimos varias veces la pequeña colina; cerca de nuestra casa, y a lo lejos observamos la montaña, que con el atardecer se llena de luz magia. Seguimos ambos, disfrutando nuestro paseo y que por allá, no muy lejos cerca de la vía está el tanque que surte nuestra pequeña urbe. Allí, en medio de ese pequeño Paisaje divino, hay una manga que de la naciente entra al tanque. Y mi perro, que cansado por su corretear y sediento por refrescar me mira. Yo me acerco y saco la toma que viene del manantial; y gozo de ver a Bruno refrescar.

Ya satisfecho con su pasear va avanzando a mi lado; con la lengua afuera y todo mojado. Vamos, ya cerca de la puerta de mi refugio, el entra a mi lado contento. Por su poca, libertad.

Categoría: Historias

→ Leocadio Ernesto Peña Viloria




Las letrillas y sentimientos de la naturaleza de Dios

Mirando el mundo, de la creación perfecta en armonía, con el sentir del alma del hombre. Que a siegas, va por ese paraíso de divinidad oriunda. De la creación de la esencia divina; que dio el principio de la luz de la vida. Tontas Almas, que no manifiestan ni afirmen, la naturaleza de la tierra eterna.

La conocen, pero no la sienten. La vive cada día de su existir; viviendo por existir. Sin vivir siendo.

Por eso conéctate con el único creador. Observa y siente de verdad, las pequeñas pinceladas de lo infinito; que tu mente no entiende. Pero deja que tu alma y corazón se tejan, con la verdad que solo se siente pero no se ve.

Que maravilloso el alma del sentir humana, llena de maravillas que el saber del hombre no entiende.

Categoría: Reflexiones

→ Leocadio Ernesto Peña Viloria




El canto celestial

Llego los días de paz navideña, celebraciones de desborde, locura del hombre. Navidad que no sabemos ¡sí! es o no es, unión familiar en hogares y naciones. Paz y amor en busca de verdades en el día del nacer de un niño; si la esperanza y amor de iluminación.

Solo el, la única ilusión de estos días de celebración sin sentido; pero llenos de paz y alegrías en algunos corazones humanos.
Yo, mi ser tentado por la vida de esta tierra. Locuras y placeres que encadenan el alma. Tu mi dios, apártame de las ataduras del alma de la mirada de tentaciones sin sentido.

Tu mi cristo, que cada día me dejas bendiciones de tu mundo. Y en este mes navideño me diste el canto celestial; es la segunda vez que me concedes algo de tu mundo.

¡Sí! Una mañana llena de paz y alegrías, en mi regazo. Viendo llegar el amanecer, mi señor dejo entrar a mi mundo, un canto que se escuchaba arriba de mi cama. Algo que era como plegarias, o coros de ángeles tal vez.
Pero no, de este mundo. Desperté pensando que eran cantos de aguinaldos; agudice mis sentidos tratando de ver y sentir, de dónde venían.
Y para mi sorpresa, que al despertar bien. Me Arregoste, a mi cama y pude sentir que el canto que escuchaba, era arriba de mi cabeza muy lindo en el aire, pero no en mi universo.

Era un eco maravilloso de canto celestial; como celebrando, cantando u orando a alguien. Eran voces en coro que envolvían mi ser de paz, amor y verdad. Algo que con palabras no podría explicar.
Este asombroso instante duro más de quince minutos. ¡Sí! Fui envuelto por el mundo de dios y fue maravilloso.

¡Sí! Que armonía o no sé qué lleno mi interior; mi espíritu que despertó para formar parte de lo divino.
Que en tiempos navideños tocaron una parte del dios que todos tenemos y llevamos muy dentro de nuestro amor y verdad.

¡Gracias Dios y perdona mis faltas y pecados!

Categoría: Letras

→ Leocadio Ernesto Peña Viloria




Escritos de Leocadio Ernesto Peña Viloria, Page_4

Te encuentras en página 4 de letras de Leocadio Ernesto Peña Viloria.

Leocadio ErnestoQuizás también te interese: Leer poemas referentes al mismo autor. En esta sección recogemos una una colección de poesía de:
Leocadio Ernesto Peña Viloria