Frases y Dichos sobre la vanidad, orgullo
Recopilación de
frases célebres y dichos populares sobre la excesiva
confianza en uno mismo. Proverbios, refranes y textos de
vanidad.
Frases de orgullo, el aspecto de la vanidad.
Frases de Orgullo
Recopilación de
frases célebres y dichos populares sobre la excesiva
confianza en uno mismo. Proverbios, refranes y textos de
vanidad.
Frases de orgullo, el aspecto de la vanidad.
El orgullo de los humildes consiste en hablar siempre de sí mismos, el orgullo de los grandes, en no hablar de sí nunca.
Vano quiere decir vacío: de modo que la vanidad es tan poca cosa que apenas puede decirse de ella cosa peor que su nombre.
El necio vanidoso es el enemigo nato de la gente de talento. Los vanidosos no pueden ser hábiles, porque no son capaces de callarse.
La vanidad es tan fantástica que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados.
Lo que verdaderamente halaga a un hombre es que se crea que merece la pena halagarle. Muchas mujeres coquetean con un hombre porque es inofensivo, pero se casan de él por la misma razón.
-El mal de nuestro tiempo es la superioridad. Hay más
santos que hornacinas. Hay que dejar la vanidad a los que no
tienen otra cosa que exhibir. Las coquetas son como los cazadores
que se ufanan en cazar, pero que no comen la presa.
El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir.
El orgullo divide a la humanidad, la humildad la une.
El orgullo humano sabe inventar los nombres más serios para ocultar su propia ignorancia.
Me detesto y me acuso por esa demencia de orgullo que me hace jadear en pos de la quimera. Un cuarto de hora después, todo ha cambiado; el corazón me late de alegría.
La especie más temible de los vanidosos es la de los que tienen, en efecto, motivos para su vanidad.
La vanidad es la espuma del orgullo.
Cosa corriente es que vanidosos y presuntuosos finjan poseer lo que desean. La vanidad nos persigue hasta en el lecho de la muerte. La soportamos con entereza porque deseamos superar su terrible grandeza y cautivar la admiración de los espectadores.
Y por mucha soberbia y por orgullo, donde es más escarpado tiene el camino.
Un hombre orgulloso es dificilísimo de contentar, porque siempre espera demasiado de los demás.
La más segura cura para la vanidad es la soledad.
La virtud no iría tan lejos si no la acompañase la vanidad. Si la vanidad no echa por tierra todas las virtudes, por lo menos las hace vacilar. Si no tuviéramos orgullo, no nos lamentaríamos del de los demás.
La vanidad es la necedad del egoísmo, y el orgullo, la insolencia de la vanidad.
El orgullo no quiere deber y el amor propio no quiere pagar. Las más violentas pasiones nos dan a veces alguna tregua; la vanidad, nunca. La vanidad de los demás resulta insoportable porque hiere la nuestra.
Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.
El orgullo es el complemento de la ignorancia.
Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió.
El orgullo de los vanidosos está hecho de la humildad de los poltrones.
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