Poemas de: Joel Fortunato Reyes. Page_13

Joel Fortunato ReyesJoel Fortunato, nació en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, México, en 1958 y es Médico Cirujano especialista en Psiquiatría por la UNAM, tiene tres Maestrías en Ciencias Educación, Sexualidad Humana y Educación Especial.

Autor del libro: «Poemas cercanos», Editorial Palibrio. Este libro recoge una colección de 150 poemas de la producción del autor. Poesías especialmente sugestivas que manifiestan profundos sentimientos y preocupaciones del alma y son una vía al interior del sentimiento y pensamiento del hombre contemporáneo donde los límites no se agotan y el lector se transforma en el principal actor y recreador de la obra escrita por el autor [...]
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pencil32.png Poesía compartida por el autor. Índice de poemas publicados en esta página. Poemas de Joel Fortunato Reyes Pérez.

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Obra poética de Joel Fortunato Reyes. Edición autorizada.

Siempre metamorfoseado

Poder, poder, muerte, engaño y muerte.
Así es el viento, fantasma, poder, poder.
Las golondrinas duermen sobre las espinas
la paz huye alucinando con mil monedas
las escamas escupen peces de fuego
indefensos hongos enlatados
y las manzanas muerden larvas
largas terrazas con miel y malvas
en la esquina masticada del vidrio.
Sin miedo. Añejando nuevas agonías.

Pero nadie estaba.
Sí. Nadie estaba en todas partes.
En todas partes estaba nadie
con el sabor de araña en la sangre
con el sudor de lápida en la oreja
con el olor de osario en la frente.
En la fuente donde reposan las rocas
las ratas las ruedas las rodillas
en tanto los gusanos aplauden al hambre.

¡ Cuidado !. ¡ Mucho cuidado !. El amor
vende al ombligo gasolina
donde los roperos juegan con botones
y la luz mira verde la sombra roja
blanqueando al azul las algas
con las pestañas del salmón y del perico
en la lejanía armando a los relojes.

Y los hombres estrangulan mariposas
apuñalando puentes con flores secas
y lágrimas yertas de mármol vivo
como las heridas ciegas del tiempo
del beso del hueso del yeso
como los desnudos nudos del eco
del hueco del muñeco, eco, eco, eco.

Porque es necesario que la paja llame
al ojo de la viga con la misma rueda
de la primera piedra y denuncie... Sí, sí.
Al camello por hacer sufrir al circo
al caballo por no ser coyote
al cabello por estar en la cabeza
del alfiler sin cortinas
sin pena sin gloria sin dolor.
Pero sí repartiendo culpas al lodo

en la lengua de marionetas cobardes
hasta beberse la fiebre sin agua
cuando las tortugas escriben solas
las campanas se deleitan silencias
cuando, cuando, cuando,
están...
Solo las calles del sueño inmundo
en el metal dormido en su jugo
en su juego en su vuelo de coz.

Inundando al aire ofendido
por la embestida de su aliento
del mismo saqueo del asalto disfrazado
de fúnebres perfumes... ¡ Ah !. Gran mérito.
Y... Todo sigue. Sigue y sigue...

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Maniatados pesares

Por ser en el mundo un muro magro
la soledad vacía palpitando tierna
en la esquina de dolores agrietados
por el rostro de la voz violeta
y el corazón de la luz falsa
balsa que desgarra la fe forzada
por el premio, el perdón, y el castigo
del mismo polvo devaluado e inconsciente...

Por la deshumanización polémica del llanto
en los resortes de las ranas que se oponen
al camello que contempla una ballena en las
noches de la palabra ingenua y cándida es
la madera astuta confundida por el plástico
encerrado en el regreso de las moscas ilustres
sentadas en la miseria lo suficientemente seria
como flexible es el impacto que lo oculta a diario...

Maniatados pesares están entre las cortinas
tejiendo las cándidas luciérnagas
con archipiélagos sonrientes
en el mármol mudo de miedo
de burbujas angustiadas
en la noche bajo la cama
del pantalón sorprendido abajo
y la camisa sobre el corpiño...

Maniatados pesares de la inocencia cruda y dulce
conjetura digna del espejo
de las preguntas que engendraron
y donde las respuestas murieron
entre camas solas mesas tristes
migajas de hogares destrozados
en los aires ahogados ausentes
por el bendito olvido que se fabrica obligado...

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Embebido embelesado

Porque
de
ese
silencio
azul brota
la luz herida
entre las sombras ciegas...

Embebido
del aire de cristal
en las pupilas alegres
en las hojas otoñales
del amarillo fluir
del tiempo hecho recuerdo
¡ Embelesado !...

En la espera de la promesa
en el vigor de las entrañas
como el vendaval que azota
y palidece y estremece y espina
en el cáliz que duerme al fuego
sobre la sombra de alabastro
que del recuerdo se apodera...

¡ Embebido embelesado !
En el barro del relámpago de acero
en la joya del amor cautivo
en la lámpara que sueña estrellas
en la llama que reposa la mirada
donde la eternidad empieza
y el aliento mora tierno, embelesado, embebido.

Porque de ese silencio
Azul brota
El mismo silencio azul herido
Entre el otoño de cristal
Embebido en la espera de la promesa
Embelesado en el recuerdo que reposa
Y ya es... ¡ Sólo por qué sin sus respuestas !.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Del Hálito luctuoso

Habla de la infancia la ventana,
sobre un abismo puntiagudo,
tan pronto pan como esqueleto,
germen ignorante del polvo,
lleno de ausencias desiertas...

¡ Exánime y fricativo luce !

Entre los versos del vidrio,
se inclina la soledad del piano,
con la ternura roja del bosque,
con la eterna angustia del barro,
con la cuna canora del camello...

¡ Fúnebre lucro lúbrico !

Va corriendo un ahorcado suspiro,
por comerse la clamorosa puerta,
y pescar estrellas con las uñas,
y anudar anhelos con los dedos,
y beber latidos con los ojos...

¡ Veleidoso guarismo informe !

Por danzar los erizos bajo el vientre,
por tener las risas sobre un diente,
y entre las manos los pechos,
y entre los alientos los ojos,
¡ tiñen las campanas con sangre !.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Una vez aquí

El viento anochecía, frío ;
Al fondo, en la esquina, solitario,
piensa, en el patio, la silla,
extraña, en el árbol, la hoja,
del último invierno, la nieve,
susurra, habla, grita... ¡ Fría, frío !.

En la noche envuelta, el viento, triste,
al cerrar las lágrimas los ojos,
cayendo callados los párpados
húmeda la frente frente al espejo
vacío que se bebe la copa, del árbol,
con la envidia de la sombra, la sombra.

Sobria, sobre el sobre abierto,
áspero, resignado, afable, momentáneo,
el frío bajaba de las montañas
el sol intranquilo veía una nube
al vuelo del ave invisible al pasar
rápido el siglo, sigiloso de mañana.


En la mañana, lenta, en la punta de la luna,
sonámbula en el drama de la marea
en un guijarro la espuma al lado
en un rincón, del humo, seco
al levantarse de la cama
en el invierno que dormía, soñándose...

Despierto el blanco del techo y piso
sin saberse, agotado, gastado, el hielo,
del mismo frío, que nada había cambiado,
y luego supo que todo fue
una pesadilla, sin almohada ni cobija
por la ventana que esa vez silbaba...

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Conmovedor

Hay un sendero de espinas y piedras donde
se respira acidez y amargura.
Hay un lago negro que solo espera.
Hay un suelo sangrante en cada puerta.
¡ Qué angelicales verdugos !.

En la esquina de la memoria
mil huérfanos escriben al otoño secos.
Sus escalofriantes historias recorren el abismo
y su vida deforme y grotesca no espera justicia.

En su retorno al infinito
unos ángeles encontraron los despojos
y el horrendo suelo que pisan.

Ni sombra somos del olvido perdido.
La complicidad de alguna divinidad
anima y alimenta el agua que se bebe.

En sus almas el pasado asesinó el presente.
La ira y la impotencia visten el futuro.
Existe una obscuridad que anidó el espíritu.

En el crepúsculo encontré ortigas,
recubriendo lechos y ropas y hogares
y polvo arrogante y casas desnudas.

En las nubes
alfileres y cuchillos de dioses muertos.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




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