Poemas de: Joel Fortunato Reyes. Page_16

Joel Fortunato ReyesJoel Fortunato, nació en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, México, en 1958 y es Médico Cirujano especialista en Psiquiatría por la UNAM, tiene tres Maestrías en Ciencias Educación, Sexualidad Humana y Educación Especial.

Autor del libro: «Poemas cercanos», Editorial Palibrio. Este libro recoge una colección de 150 poemas de la producción del autor. Poesías especialmente sugestivas que manifiestan profundos sentimientos y preocupaciones del alma y son una vía al interior del sentimiento y pensamiento del hombre contemporáneo donde los límites no se agotan y el lector se transforma en el principal actor y recreador de la obra escrita por el autor [...]
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pencil32.png Poesía compartida por el autor. Índice de poemas publicados en esta página. Poemas de Joel Fortunato Reyes Pérez.

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Obra poética de Joel Fortunato Reyes. Edición autorizada.

D.I.S.G.U.S.T.A.D.O.

En el puente que un río salta, turbio y lento,
y donde nada correcto, está, un pez dorado,
por el sol deshidratado, que apaga la vela,
del buque, un juguete, perdido anoche.

Renacuajos con uniforme señalan la salida;
prohibiendo a los gusanos los arrastren
junto al lodo, inquietos como palomas,
contribuyen con carbón que muerden rancio.

Parados en los huesos, los burdeles desempleados,
igualados con el polvo en su pantalón ríen,
con poca gracia disfrazan los yerros,
examinan los gatos y saludan excitados.

Y por el callejón estrecho al aire sienten,
distraídos, los últimos murmullos de la tarde,
lejana, una mariposa, dibuja un clavel
en la mano del joven que lo piensa.

Así fué, descrito el punto, igual que una raya,
encima del lago seco, en el eco alegre;
el canto se repite, salado, el sudor,
con la piel baila de espalda al lápiz.

Sobrecogido, un alacrán, se vuelve lágrima,
en el árbol angustiado, del patio solo
rugiendo día a día, más despacio
por el piso desenfrenado entre la yerba.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Acalorado

Sentado estaba el calor sobre ese día
con el sudor del verano lejano
el columpio balanceaba un otoño
con las hojas del libro enojado
corriendo entre letras y renglones
capítulos de nieve en un frasco cansado
miraba en su cara el espejo
con el simple suspiro del tigre
cuando tiene alguna idea del sombrero
en la cámara oculta del ropero
del niño que despierta en la escuela
del tornillo que duerme en la tarde
donde escapan los recuerdos del sueño
entre los bosques angustiados y asustados
por la comida sin apetito ni sabor
que cultiva la sed en el agua
y el mar en el corazón del viento
y los relojes en el tiempo perdido
por la eternidad de los tejidos ligeros
con la música mortal del silencio
cierro los ojos y te recuerdo
que vienes de tonalidades misteriosas
donde no hay alegría ni afán de sufrir
por la nocturna pena que ofrece el día
al calor que muerde una flama
recibiendo los favores del desdén
en el trasluz castaño de una promesa
donde la noche germina como un guijarro
encendiendo las estrofas del poeta...

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Afeite y viscosidad

En las pasiones petrificadas por la seda de mejillas blancas
las espinas destejen los espasmos de las ebrias miradas
en la culpa del sendero en calma que deja seca el alma
del camino sin rumbo cierto, en la barranca estridente...

Con el pasado renovado el aire crea
la cera de las velas de los barcos
de las olas angustiadas, aplanadas
por el azar de las palabras, ojos
por la piel de los silencios, uñas
por el hueso de las noticias, pelos
por la lengua de los gritos, dedos
de los males serenos... ¡Fabricados!.

Cuando el ojo estaba cojo
por el ojo rojo y azulejo
en la plenitud bermejo
en la indigencia larga.

Matando del futuro la experiencia
y de las agujas la emoción
matando al lector obscuro
y frío lenguaje conceptual
matando al texto burdo
y abandonado comprendiendo
lo cotidiano de la sorpresa
en el minuto inmaculado ido...

Al observar una línea en el espacio espesa
donde la niebla se multiplica y concreta
la empresa colectiva del mal común
en la inercia victoriosa del olvido.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Apesadumbrado

Por ese sueño que se esconde cuerdo
en la intimidad sin honda raigambre
con la yuxtaposición de una promesa
meciendo a la pasión en prisión
con el aura del dulce hielo
con la canción del velo vano
con el soñar del vuelo bajo
con la vista del cielo curvo...

¡ Apesadumbrado !

La sombra vierte un taciturno roble
con el vigor dorado de mariposa
donde un clavel esclavo espera
la corona del alba roja
en la emoción que palidece
con el quebranto inquieto
del indecible espanto
donde un pétalo la flor estremece...
¡ Apesadumbrado !

¡ Oh, gracia pura de amarga noche !
¡ Oh, desventura injusta del día !
¡ Oh, desencanto infame del cielo !
¡ Oh, desengaño informe del suelo !
Porque la espuma impávida naciendo nieva
Por la espina impóluta artera suerte
Porque la esquina impía destella yerta
Por la escarcha que implora la fértil flama.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Así aconteció...

Cargaba mil días cultivando mis recuerdos
en los reflejos del lago cuando cené nubes.
En el aire gris: sembré unas espinas de hielo
con humo y ceniza que fuese fresca flama.

Cansado, subí las manos sobre aquel cielo
amarillo: desnudé las abundantes razones
del suelo. Y quedé hecho trizas siempre
al ignorar el tiempo creador del espacio.

¡ Nunca soñé tan despierto !
sentado, vino el camino de agujas con anhelos
inundado de ausencias ardiendo, en la piel,

líquido acero y miel perfumada con espadas
de tinta, y ausente la inmensa ignorancia
con su niebla devoraba luz lenta.

Después ninguno fue igual en mis ojos
hechos de platos con sabor a hambre
con la sangre seca de gruesos huecos
entre las pestañas, latiendo impalpable
una rota campana era sepultada.

Todo eso abrió una caverna, cegadora,
la luz servía de sombra enorme
con el pañuelo en su boca briosa
una lágrima temblorosa se secaba
el barniz de fruta silencia ese día.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




A.P.A.L.E.A.D.A.S.

((( Surrealista )))

Las paredes ya caminan bajo el piso
Con la sangre de la tarde en camiseta
Una vez hecha de lodo helado
Por el grano del trigo seco ciego
El pueblo del zapato roto a diario
En la mesa del retrato desempleado
Y la estufa en la sartén...

Apaleada, sí, muy apaleada...
Salpica la tarde misteriosa
Como a tres metros del humo
Doblando la esquina sin trabajo
Desesperada la lámpara cierra los ojos
Con las manos en los bolsillos
El anillo se ha perdido en las cobijas
En las ramas del otoño nuevo
Con los rostros olvidados por el tiempo
Buscando la manera de terminar
Con la manzana en la mano del gusano
Erecto en la entrada de algún modo...

Apaleada, vaya apaleada que nos dimos
Ese día ahí callado menos que un secreto
Satisfecho admirador del muslo firme
Fumándose una cama garganta abajo
El canasto ebrio en la mermelada suave
Por el camello queriendo ser caballo
Salvaje en el petróleo robado siempre
Tan rápido en la mentira querida
Hablando del vino que fue solo queso
Con eso de las persianas bajas lunas
Por el piso que caminan las paredes...

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




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