Poemas de: Joel Fortunato Reyes. Page_5

Joel Fortunato ReyesJoel Fortunato, nació en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, México, en 1958 y es Médico Cirujano especialista en Psiquiatría por la UNAM, tiene tres Maestrías en Ciencias Educación, Sexualidad Humana y Educación Especial.

Autor del libro: «Poemas cercanos», Editorial Palibrio. Este libro recoge una colección de 150 poemas de la producción del autor. Poesías especialmente sugestivas que manifiestan profundos sentimientos y preocupaciones del alma y son una vía al interior del sentimiento y pensamiento del hombre contemporáneo donde los límites no se agotan y el lector se transforma en el principal actor y recreador de la obra escrita por el autor [...]
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pencil32.png Poesía compartida por el autor. Índice de poemas publicados en esta página. Poemas de Joel Fortunato Reyes Pérez.

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Obra poética de Joel Fortunato Reyes. Edición autorizada.

Soberbia solemnidad

(((Texto Neosurrealista)))

¡ Ya vienen por el vientre de siempre !
Con el árbol de cada día
Cuando alzan al desdén como baluarte
Como aguas tranquilas y azulosas
tejiendo las brumas y las nieblas
con armonía...
¡ Qué hiela la memoria y los fantasmas !.

A pesar de la esperanza en el cultivo de las balas,
y el incremento en la producción de huesos, que
ejercen sin duda alguna, un cierto atractivo sobre
los depredadores de las monedas, que no tienen la
libertad de determinarse por la proscripción suave,
y el acerbo llanto de la lluvia que dialoga con los
pianos, que mueren perseguidos por el mármol dulce,
en el torrente torturado por la fatal potencia, dónde
falta la consciencia de su especie, cuando el edema
les llega a los pulmones, y confunden el efecto con
las causas que provocan, que los separan de todos
los metales orgullosos, en el borde ciego del abismo
melancólico, de frenéticas ráfagas e incandescentes
rayos, que gustan mucho de las fotografías, que cruzan
el río en el mismo punto de tierras emergidas.

La tragedia, no se debe sólo a la felicidad de las arañas,
ni a la fuerza absorbente del apetito impedido, junto
con la indiferencia de la nieve, y el desprecio del papel
encerado, más allá de la pureza artificial de la angustia
inesperada, que corre por cada nube, y se le ve en la
evasión pasiva del teclado inadaptado.

En estos caminos vertiginosos, existen otras razones,
menos azules, que si bien incrementan la debilidad
de las verduras, no dejan de ser los sentimientos que
se empeñan en soñar comprando hermosos vestidos,
para la tristeza con la botella de leche en la boca, y
los viejos caprichos y deseos, por la desesperanza de
la mano que intenta consolidarse, en la intimidad de
un saludo, ligado a la interferencia de los hilos de la
trama, que hiere a los agravios de los anhelos.

Hasta hace poco, no se hicieron los estudios de los
determinantes de la altiplanicie, como el factor más
eficaz en la observación participante de los rincones,
que a su vez paralizan el amarillo, que se refugia en la
inercia del rojo por las calles, y los cielos temerosos
e irrefrenables del aceite en biberones.
Es difícil encontar estadísticas honestas y sinceras,
que consuman sólo números en gotas, con la etiqueta
mortal del hambre falsa, y el rostro impregnado de piedad
diminuta, con la placidez asombrosa de las campanas, que
dan mayor certeza al análisis de la catarsis, sin intentar
disgregar el cuerpo, con la humedad del aire de los escapes
radioactivos, en los embalses y pantanos, con el alto poder
de disuación de las pasiones destructivas.

Esto puede ocurrir, en las cómodas metrópolis de nueces,
con la omnipotencia narcisista de las fresas, y la mortalidad
reducida de las tuercas, cuando los tornillos marginados se
vuelven enemigos de las tijeras. Aunque las pruebas en el
agua son un paso indispensable, los jabones no ven la razón
que les asiste, y en muchos casos los miligramos protestan,
como si fueran litros, más allá de diez kilómetros, tan ligeros
y menudos que parecieran ser hombres, desesperadamente
buscando la mano sobrehumana, que indaga sobre los dolores
de los cocoteros verdosos, que derraman sus consuelos, en
la escala ilusionada de las enredaderas, con los rigores del
olvido más reciente, que se inclina por el ocaso pertinaz.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Algorítmico

El recuerdo rosa delante
al viernes erizado de ascensores
dentro luego, la fruta ondula.

Tatuado pendular abeja el alfabeto
del girasol barcas incensarios
brazos rondan encubriendo nieve.

Del caudal pingüino íntimo timón
de la brisa manzanas penetra
el caramelo al botón remando.

¡Chispas de semilla blanqueando!
entre desnudos cabellos manan
embebidos del tónico increíble.

Dónde la cigüeña teje estremecida
nueve nueces balbuceando lácteos
¡ Algo___rítmico___algo!

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




P.O.L.V.O.R.I.E.N.T.O.

Por ese frágil instante del humo sólido
el silencio ha sido liberado en un
grito nublado, de congeladas caricias,
que purifican la soledad porosa
por la brisa que al sol arruga...

Acaso
¿ Sentirá sus latidos en metálicas sonrisas ?

Con el polvo de respuestas ignoradas
que pierden en la espuma
la brújula del llanto
que pierden en el viento
la brújula del justo
que pierden en el suelo
la brújula del bien...

Aunque
Si es todo, es una idea,
pero nunca una idea soluciona todo
ni hay idea ninguna que todos aprecien...

Y tampoco miles de mieles
suprimen una sola ausencia
tan poco dura como blanda sea la memoria
del mal que nunca será bueno
ni, en la más mínima eternidad
ni, en el máximo olvido del peor infinito
Ni
en
la
Inmensidad frágil...

De la ignorancia indefensa
De la verdad perversa
De la inmundicia lujosa
De la indiferencia venenosa
De la putrefacción exitosa.

Del aliento polvoriento, polvoriento, polvoriento.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Escribiéndome reflejo…

Por ese no sé qué, que a nadie importa
cuando a la nada tengo esclava
en la sombra brillando invisible
el beso de plata en la nieve caliente
liberal, esquiva, tierna, juiciosa,
juvenil, meteórica, merienda,
jugosa, penetración, perseverante.

Escribiéndome reflejo...

Como en la sombra del polvo del humo

el sepulcro limpia la frente del higo
el suplicio decora la noche del hueco
y el verde deja de ser amarillo
como el gris queda de azul
en el rojo vestido de negro
¡ Oh, calor !, ¡ Oh, color !, ¡ Oh, dolor !.

Escribiéndome reflejo...

Umbría la noche en la serena torre
es quizás la voz postrera lanza
del aroma del recuerdo con la esperanza
en las llamas vivas sonrojadas
las promesas embriagantes del suspiro
caracol recato y osadía cumplida
en el níveo bloque que a cincel escribo.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Ambiente estólido

En las entrañas de la sed el agua quema
la rama arrancada de una hoja libre
como la cadena en el candado escribe
al yugo rojo de la sangre emocionada...

En los dedos del alba misma
el polvo de la noche
se levanta con la tempestad inclinada.

Porque a veces pasan los ciruelos, sí que pasan,
por el estanque solitario, siempre, como bosque,
y deja la esperanza, ahí llorosa, en el baúl,
confusa, honesta, leal, noble... ¡ Perdida !.

Donde un bambú fuma tortugas
con la música del hongo angustiado
en los emblemas del roble.

Encerrada, palpitaba allí, aquella fantasía,
de agua suave, mordiendo nube y lluvia
en el himno verde de los campos
acunados con el vuelo de las aves.

En la primera estrella arrepentida
en el seco césped sin rostro
y con un ciprés como testigo.

Extraño la carne del hombre que nieva arena
en el cielo silencio del mármol cruento
tan áspero en el reír despreciable, siempre,
en la arcilla insondable que hierve azufre.

Por este ambiente estólido que asfixia
desplomándose iracundo brama agrio
el suelo de bufidos y relinchos...

¡ Oh, altar al recuerdo en ruinas !
¡ Oh, fracaso de la historia ignorada !
¡ Oh, naturaleza humana podrida en desgracia !
¡ Oh, consciencia, la razón se muere rauda !.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Oro lodoso

( Lipograma Monovocálico )

¡ Sólo dolorosos polvos !

Somos
Solo otros cosmos
Solo monótono fondo
Honor mohoso color plomo

Somos
Otro oro rojo flojo
Otro sol hondo roto
Homófono sollozo ronco

Somos
Lo sordo soso llorón
Lo romo bobo poroso
Tronco polvoso corcho pomposo

Somos
Oro lodoso moroso
Oro con probo dolo
Otro prólogo con horror

Somos
Solo polvos dolorosos
Solo otros lomos...
Con otro sol, con otro rojo

¡ Oro lodoso, oro lodoso !.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




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