Poemas de: Joel Fortunato Reyes. Page_9

Joel Fortunato ReyesJoel Fortunato, nació en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, México, en 1958 y es Médico Cirujano especialista en Psiquiatría por la UNAM, tiene tres Maestrías en Ciencias Educación, Sexualidad Humana y Educación Especial.

Autor del libro: «Poemas cercanos», Editorial Palibrio. Este libro recoge una colección de 150 poemas de la producción del autor. Poesías especialmente sugestivas que manifiestan profundos sentimientos y preocupaciones del alma y son una vía al interior del sentimiento y pensamiento del hombre contemporáneo donde los límites no se agotan y el lector se transforma en el principal actor y recreador de la obra escrita por el autor [...]
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pencil32.png Poesía compartida por el autor. Índice de poemas publicados en esta página. Poemas de Joel Fortunato Reyes Pérez.

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Obra poética de Joel Fortunato Reyes. Edición autorizada.

Herencia del olvido

(Texto Experimental Neosurrealista)

Ahí... ¡ Oh, memoria !
hecha de mares e islas
de sueños huracanados
en ruinas de tiempo
¡ Imperio !... De manecillas sin reloj...

En el último punto, dónde la intencionalidad pierde
énfasis, porqué estaba equivocado, al ver la progresión
de la variables, en los sentimientos excesivamente largos,
de las afirmaciones descuidadas, más escalonadas que las
olas en el centro de una burbuja, en los amores irrigados,
negociados, con el mayor interés en el salario de la noche,
en las cumbres de las colinas dónde la caza es menor...
A pesar del intercambio de información, en la desembocadura
del río, como consecuencia de los rumores que se habían
extendido sobre las casas de madera anhelando recordarlos...

¡ Dónde se mezclan relámpagos de seda !
¡ Dónde no importa el dolor padecido !
Por dormir púrpura, la mitad de la noche
¡ Qué embellece todo lo lejano !
Y contempla calendarios perdidos...

Al borde de un bajío, una línea de pedruscos discurre, tímida,
sufriendo por las miles de especies de animales y vegetales,
desaparecidas las regaderas y lavabos, en las pensiones ruines
más agitadas del barrio, con la ansiedad de terminar con la
riqueza, y la necesidad de mantener la violencia, con sexo, y con
muerte, tras muerte bajo luces giratorias , al ritmo de la música,
colocando sus anuncios en las ventanas, porqué al igual que los
humanos, los orangutanes almacenan grasa cuando la comida es
abundante, y tienen huecos alargados de orígen volcánico, que son
intermitentes por el tiempo desteñido de los besos cristalinos...

¡ Oh, cuántas hojas hay... !
en el alfabeto de un otoño
de las lluvias acuarteladas
en la espalda relampagueante
de las pisadas entre las nubes...

Por el sonido que se produce por la vibración de los cuerpos,
en los conceptos ondulatorios de las pasiones, como una luz
de lámpara fugitiva, y el rubor secreto de los nardos y dardos,
cuando los dos ocupan posiciones idénticas, en el medio elástico
oscilatorio y armónico, con sus campos magnéticos ilusionados,
con los tubos fluorescentes, con la emisión de radiaciones núbiles,
porque el filamente se fabrica con tugsteno bajo el pecho, y eleva
la temperatura, bajo la denominación genérica de circuito impreso,
en el alma de un suspiro, que será depositado en dispositivos ligeros
y sensibles, aplicando en sus extremos una corriente de amor espeso...

Ahí, dónde las mentiras
se amotinan banales
desoladas, cayendo, heridas,
por la breve e iracunda
¡ verdad violeta del cielo !

¡ Qué de azul tejió la distancia que nunca existió... Eternamente !

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Desabrigada insipidez

(Texto Experimental Neosurrealista)

Por la madera que sembró
sus hojas en el
otoño de una fruta
por el falso verde
y las campanas... ¡ Traspasando !

Esta prerrogativa de las sonrisas uranias de ser,
en su belleza, no sólo creadoras y sutiles, sino
también clarividentes, calurosas por excelencia,
añadiendo su transformación al alma, donde se
tiene que recoger la piel, y subirla a las montañas,
con un equipo encargado de extender al sol, los
misterios de las glándulas destacadas, con el roble
que fue dado de alta, antes que llegaran resueltos
los crucigramas, por el humor vítreo del ojo, dónde
el espía tiene que ser exhumado, por la enorme dosis
de esperanza, en las cápsulas que dispara o estrangulan,
seis meses de tarde, y tres miligramos de consciencia...

En el cuerpo de la nada
tórrida nada, sin ahogar,
ni al agua inerte, del hogar,
en la nieve de mariposas
que tejen brisas...

Con la eficacia insípida, de las mesas recogidas, que solo
valen en la medida en que aquél que las recoge, repite el
gesto primordial de las llagas cuando crecen, por grandes
que sean las diferencias, en el agua inundada de cavernas,
que las ovejas sacrifican a las arañas, con la rueca en la mano,
personificando al destino de las fuerzas lunares, en la noche
bajo la influencia de los pájaros, concebida de manera ligera
y unilateral, cuando aparece el ruido que las estrellas hacen,
tejiendo al algodón con un impulso decisivo. Sea como fuere,
el momento indescifrable , constituye un monumental árbol,
obsesionado por hacerse del control del incendio destruído,
capturando las cenizas con gran crueldad... ¡ Desabrigada !.

Porqué el frío llora
violento al fuego amoroso
que hace de lata el loto
y enferma la sed...
¡ Sí, la sed que se seca y ahoga !.

¡ Por la desabrigada insipidez del estancamiento sensible !
¡ Qué a nadie sostendrá impermeable !
Por ser más corrosivo que la costumbre,
en el marco de los vestigios transparentes,
sin el sabor de los más íntimos encuentros...

Por el sentir que no se abroga ni un solo derecho,
ni chueco figurín difuso con redes,
que solo dominan al viento,
y el poder de la pasividad
indiferente... ¡ Desabrigada !,

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Fabricantes de ficciones

(Texto Experimental Neosurrealista)

Al bajar por el filo
del rocío de un sueño
con toda su miseria
harta de ilusiones
disuelve de las nubes la evidencia...

En compañía del áspero contacto de la percepción
del sí mismo, y la realidad no imaginada, como un
ser soporífero, que alegra y deprime, excita y calma,
los músculos del siglo, los nervios de las horas, el
miedo de los segundos, con el veneno paralizador de
las falsas esperanzas, como substancias habitantes
de los mares serenos, y las selvas inquietas, corriendo
parejas a la fe, y candidez de las públicas almohadas.
Pese a todos los logros, de los buzos en los cielos, y
de las ballenas en los desiertos, esta estimación ya
es seguro, humanizará los bosques, y los relámpagos
de las décadas pasadas, por las cosechas arruinados.

¡ Hasta qué la estéril realidad
dócil y cariñosa se deforme
miel la mirada
terciopelo el dolor
dónde dulce y suave fluya la vida !...

Y la tensión existente no afecte al sol, porqué las focas
escasean entre los vendedores de focos, que escogen un
agujero, y tapan los restantes que los rodean, con sólo un
hilo y tijeras, hasta que la pubertad no entre por las noches,
a merced de sequías y aguaceros, proporcionando una gran
estabilidad a las piedras, que están haciendo esfuerzos por
mejorar las condiciones de los grillos, remunerados por ser
de lana de colores, y pretender hacer personas a los gusanos,
que aspiran a tejer ladrillos, con arroz y calabazas, en las
mejores minas de níquel, que sirve como sala de estar, y es
dormitorio de gallos y venados, compartiendo el mismo lago,
emplumado de rojo durante las inundaciones...

¡ Por dónde viene el amor
en tropel jadeante desgranando
cántaros fabulosos de miel
ternura genuina y cristalina !
Multiplicando los imposibles logrados...

Por todos esos avances, que las películas demuestran, de los
nuevos planetas habitados, por la red sonora fotocopiada, que
vende fibra óptica a los cocodrilos, en el interior de una ruleta,
dadas las coordenadas de dos puntos, en la circunferencia de
una aguja, al expresar las razones trigonométricas, en los grises
ojos de su correspondiente abscisa y ordenada, entre la triste
distancia de los centros de dos circunferencias tangentes, y la
angustia discreta de los cuadriláteros no paralelogramos, pues
el cielo palidece, cuando la tierra reposa, y la paz es sólo un
dolor profundo, que clama por un mundo justo, sin luchar hasta
la muerte por fabricarlo, en un corazón que dormita, en el fondo
de una consciencia encadenada, y la solemne indiferencia...

¡ Por eso, cada vez hay más, y más... !

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Entre la tierra

Se escribió la letra
con el vuelo de la pluma
con el duelo de la letra
en el suelo se escribió.

Largas palabras de estrofas
olvidadas al otro lado
del rostro del espejo
del rastro del reflejo.

Que no hable el mar
del azúcar de la miel
no, que no hable, no
entre la sal azul ahora.

Por la copa que al árbol bebe
Por la ropa que al hilo viste
Por la cerca que al humo calla
Por la nieve que al fuego ama.

Sí, sí... Por los rumores de aceite
en el tiempo amarillo del viento
en el rojo rugido del canto
en el ojo ordinario del llanto.

Una vez caballo entre peces
otra vez cabello entre rocas
tal vez cabeza entre huecos
tal vez cabaña entre cuevas.

Se escribió con el polvo
en el agua en el aire
con la sangre en el cielo
con la voz en el zapato.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez

Anhelantes

Por el corazón de una flor soñamos.
Sembrar espejos...Cosechar Nubes.
Hacer lágrimas de cristal... ¡ Dulces !
Vivir el tiempo sin sentir que se acaba.
El aliento, que regresa a su origen.
Feliz. Satisfecho. Íntegro. Verdadero.
Porqué el polvo cae rendido después de vivir.
¡ Cuándo la ausencia crece !
¡ Cuándo la distancia envejece !
¡ Cuándo el tiempo pierde su sentido !
Desierto. Ceniza. Olvido. Indiferencia.
Ambición. Destrucción. Vicios. Decadencia.
Flor del tiempo.
Seca. Ni siquiera recordada.
¡ Asesinada por regarla con el egoísmo !
Por haber quedado todo hecho de anhelos. Como
El viento que ya no vuela.
La luz y la sombra desaparecen.
Movimiento frío... Reposo tibio.
¡ Dónde las aves y los peces duermen juntos !
El espacio y el tiempo se unen.
¡ Porque la vida y la muerte son una !
Y no son lo que parecen.
En la eternidad pura, que nadie conoce, ni imagina.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




Era la Hora

Era la hora del aro en la orilla amarillo.
El día se escondía en la débil sombra
de sobre verde bajo el césped huésped.
Porque nada limpio dejaba el sueño
en la mesa con su hambre y lumbre
bajando del vacío encumbrado atrás
que añora mojar la lluvia con arena.

Era la hora ahora ahogada en llanto
tan peculiar en la piel del tiempo
aun sin escucharse azulosa
aun sin leerse atrocidades
aun sin vestirse hundida.

Era la hora donde zozobra el mar
en una gota de soledad amontonada
en risas sin sentir al corazón del aire
latiendo piedras a fuerza de flores
de muslos de semillas de labios
tan líquidos los suspiros agrietados
con las manos de ceniza ignorada.

Era la hora del pavor celeste agreste
en los párpados del aguardiente ligeros
una balsa en bolsa de bala brava vana
de memoria sedienta del tiempo esquivo
tan inseparable de las lágrimas del fuego.

Era la hora del ver la marejada indiferente
tan elegante cloaca excéntrica enhiesta
limítrofe badajo hostil gárrulo infame
tan generoso en el retrete palpitante
preñando campanas indignadas
tan prominentes en el traspié y la zancadilla
insufrible berreador de ráfaga turbia ahora.

→ Joel Fortunato Reyes Pérez




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